18 de noviembre de 2009

El doping

El doping es el tema que nos acompaña en este post.

Mirando alrededor uno se da cuenta de cómo los seres humanos de todas las épocas han tratado de superar sus limitaciones físicas, motivados quizás por el deseo de figuración, de dinero o de gloria. Pero hay quienes recurren, maquiavélicamente a lo que sea necesario para obtener el triunfo en las competiciones, inclusive a la trampa o al engaño. La resistencia no adquirida o la energía muscular requerida es lograda por medio de una droga estimulante.Pero el doping es un atentado contra la vida del mismo atleta y el fin de una carrera de ser descubiertos.
Antiguamente se recurría a creencias y ritos como hacían los saltadores comiendo carne de cabra, los lanzadores de buey y los pugilistas de toro...pero eran bastante ingenuos frente a , por ejemplo, las anfetaminas empleadas por los pilotos ingleses durante la segunda guerra mundial para estar despiertos muchas horas y sin hambre (algo he escuchado sobre las tropas en la selva y los montes, que aun hacen lo mismo). Nuestros antepasados eran castigados debiendo construir estatuas a los dioses. El doping, a partir de 1965 es contra la ley. Debieron pasar muchos chascos y accidentes para que se tomaran medidas efectivas.
En los Juegos Olímpicos de Roma 1960 un ciclista danés se derrumbó y murió por ingesta de anfetaminas suministradas por su entrenador, ¿recuerdan?
Se establecieron controles anti-doping para los juegos de invierno en Grenoble 1968 y solo un atleta fue descalificado por doparse o usar una sustancia prohibida: la cerveza....
A partir de allí, la batalla contra las sustancias estimulantes o que incrementen artificialmente las posibilidades físicas de un deportista, continúa. Pero hay leguleyos y abogados para todas las causas, hasta para las perdidas. No falta quien, sabedor de las sustancias que pueden emplearse y de la desaparición rápida de las sustancias por excreción natural, intenten encubrirlas; mucho menos es extraño que los mismos médicos y organizaciones médicas produzcan nuevas sustancias estimulantes para quitar el hambre, acelerar la respiración o el ritmo cardiaco, afectando inclusive hasta el cerebro mismo. O los tinterillos que alegan que les cambiaron las muestras, que los recipientes donde enviaron las mismas estaban infectadas, que no hubo los suficientes controles en el transporte de las mismas  un largo etcétera.
Hay cinco grandes grupos de sustancias dopantes y son:
-) Efedrina: Esta droga dilata los bronquios haciendo que el deportista respire mejor, fuera de eso estimula el sistema nervioso y tonifica los músculos. Sin ser realmente doping, se prohíbe por el riesgo  en pacientes con antecedentes de hipertensión y cardiopatías. Si al consumidor de efedrina se el vá la mano( consume demasiado), puede sufrir de nerviosismo exagerado, temblores, ansiedad e inclusive insomnio.
-) Hormonas anabólicas: su uso exagerado genera bronquitis, neumopatías y bajan los niveles inmunitarios.
-) Anfetaminas: Retardan la sensación de fatiga y producen estados de excitación de los sentidos. El asunto es que el dopado puede sufrir un paro cardiovascular sin señal previa ninguna .
-) Transfusiones sanguíneas: se le administra sangre al deportista o productos de glóbulos rojos sin tratamiento médico que lo justifique, cuando los conocedores entienden que así aumentan la capacidad de transporte de oxígeno. El riesgo es de sobrecargar el sistema circulatorio, fiebres y transmisión de enfermedades.
-) Anabólicos: Los esteroides anabólicos dan volumen, fuerza y potencia a los músculos. Si se incrementa la masa muscular hay mayor energía. No obstante el adulto que ingiere anabólicos se expone a lesiones hepáticas, cardiovasculares, trastornos sexuales o de menstruación y acentuación de los rasgos varoniles..

Cuando al entrenador de Alemania Oriental le preguntaron porqué sus atletas femeninas tenían la voz tan gruesa, recuerdo que respondió: "venimos a nadar, no a cantar"...

Casos sonados de doping, que se me vengan a la memoria, el de Ben Johnson, corriendo por Canadá en las olimpiadas de Seúl. Era mi ídolo, tal vez por esa masa muscular, por esa potencia, porque era una alternativa a los sempiternos norteamericanos que siempre ganaban las competencias de los 100 mts. Lo antecedía los 9.83 segundos logrados durante los mundiales de Roma en el 87. Ya veía yo a esos 181 cms devorar la distancia y apabullar a Lewis; sabía que Johnson hacía su partida en 129 milésimas de segundo. Llegó el día publicitado. Como buen amigo que soy de la historia y de las estadísticas, rememoré el 10.6 segundos logrado por Donaldo Lippincot en 1912 y que solo fue superado por Johnson en el 87. 77.000 aficionados y no se cuantos millones prendidos del televisor, parea ver ganar al gran Ben imponiendo un récord de 9 segundos y 79 centésimas: 47 zancadas, recorriendo en cada uno 2.12 m. Acaparó los titulares. Dos horas después accedió a dar declaraciones, mientras que se revisaban los resultados de las muestras de orina que en primera instancia daban positivo por esteroides anabólicos, exactamente stanozolol. Ben Johnson tuvo que devolver la medalla de oro que le sería dada a Lewis, en tanto la de plata pasaría a Linfort Christie y la de bronce a Calvin Smith; su inolvidable récord fue borrado de los registros oficiales y fué expulsado de la olimpiada de Seúl; la Federación internacional de atletismo lo suspendió durante dos años, mientras que el ministerio canadiense de los deportes lo sancionó de por vida como integrante de un combinado de esa nación.Y eso sin contar con los contratos publicitarios que no pudo cumplir.
El doping es un atentado contra la transparencia de los resultados, contra la salud de los deportistas y contra el buen nombre del espectáculo.

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