13 de febrero de 2010

esqui y salud

En esqui y salud un breve reseña de las bondades de este deporte para mejorar la calidad de vida, aprovechando la coyuntura de los juegos olimpicos de invierno en Vancouver.
Las características climáticas y orográficas de los países nórdicos hicieron del esqui un medio de transporte. Con el tiempo se crearon dos modalidades, el esquí de fondo y el alpino.
El esqui de fondo es un gran ejercicio físico y es muy practicado por mucha gente sobre todo en el norte europeo. Se puede practicar acompañado o en solitario. Como consiste en un ejercicio de deslizamiento sobre esquíes encerados sobre un terreno plano, puede practicarlo cualquiera, sin distinción de sexo, edades o configuración física.
En el desplazamiento, exento de brusquedad, intervienen de forma armónica los músculos de las piernas, de los brazos y del tronco. Pero, dado que los movimientos son alternativos, permiten la recuperación parcial de los músculos y, por tanto, la consolidación de la resistencia, por lo cual el desplazamiento puede durar horas sin causar fatiga excesiva. Además, el elevado consumo de oxígeno que se produce el adelgazamiento, con lo cual podemos perder peso sin necesidad de acudir a los frecuentes sacrificios dietéticos que ello supone.
El riesgo más frecuente que encierra este deporte reside en la prolongada exposición al frío o al viento intensivos, circunstancia adversa para personas de edad con problemas cardíacos o respiratorios.
El esqui alpino.
Esta modalidad de esqui exige contar con más cualificaciones físicas porque constituye un ejercicio más violento que el practicado en el esquí de fondo. Hasta para practicarlo de forma no competitiva, es necesario tener buenos reflejos, agilidad y fortaleza física, coordinación motriz y conocimientos técnicos.
Los accidentes que con mayor frecuencia se producen en el esquí de descenso se deben a las caídas, y las consecuencias más corrientes afectan a las piernas, con distensión de articulaciones y tendones, y fracturas de huesos, por lo general, el peroné y la tibia. Aunque no es infrecuente ver a algún buen esquiador escayolado tras haber sufrido una caída en una pista de esquí alpino, el mayor número de accidenes se produce entre los principiantes, debido a la inexperiencia como al exceso de confianza. Se recomienda por tanto, antes de practicar esqui alpino, hacer los debidos ejercicios de calentamiento.
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